| Conociendo los componentes del humo del tabaco, cualquier persona medianamente sensata llegará a la conclusión de que la inhalación de ese humo ha de tener efectos negativos. Pero dejemos que sea la ciencia, que ha realizado en las últimas décadas una intensa labor de investigación en torno a los efectos del tabaco, la que nos informe de qué es lo que hace el tabaco en nuestro organismo.
Desde el momento en que un individuo se convierte en un fumador habitual, los componentes tóxicos del humo del tabaco comienzan una lenta e incesante labor, cuyo resultado puede ser, y en muchos casos es, la aparición de un gran número de enfermedades que afectan a diversos órganos y sistemas de nuestro organismo.
El riesgo de que el fumador acabe padeciendo alguna enfermedad directamente relacionada con su hábito será mayor o menor dependiendo de la cantidad de cigarrillos que consuma cada día, del tiempo que lleve fumando y de la forma de fumar: de si realiza inhalaciones profundas y repetidas y de si mantiene el cigarrillo en la boca entre calada y calada o no. Otro factor que podría influir, aunque menos, es el tipo de cigarrillos que fuma: con filtro o sin él y con más o menos contenido de nicotina y alquitrán. Pero no hay que dejarse engañar; ningún cigarrillo es inofensivo. Todos, desde el primero al último, los que se fuman son tóxicos y por tanto perjudiciales para la salud.
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