| Se entiende
por acoso sexual aquellos comportamientos verbales
o físicos de naturaleza sexual no deseados.
El acoso sexual en el trabajo puede
producirse como chantaje, cuando un superior ofrece
ascensos o subidas de salario, o como amenaza con
represalias, si no se atienden sus proposiciones.
El acoso sexual suele ir unido a situaciones de poder,
por lo que habitualmente lo padecen más las
mujeres que los hombres. Pero también puede
darse entre compañeros.
La repercusión del acoso sexual
en la salud es importante. Puede producir ansiedad,
depresión, irritabilidad y fatiga, con el consiguiente
descenso de calidad en el trabajo. Son habituales
las bajas por supuesta enfermedad que ocultan un miedo
a asistir al trabajo.
En muchas más ocasiones de lo
que sería deseable, el acoso sexual no se denuncia
por vergüenza ya que socialmente se desconfía
más de la acosada que del acosador. Suele ser
complicado demostrar que ha existido acoso y, sobre
todo, que no ha habido consentimiento por parte de
la víctima. Los roces innecesarios, las frases
de doble sentido y los chistes groseros son difíciles
de demostrar legalmente.
Ante una situación de acoso
en el trabajo, no se debe dejar el empleo, pues se
perderían todos los derechos. Se debe informar
de la situación al Comité de empresa
o al Sindicato y buscar todos los testigos posibles
de la situación que puedan colaborar con su
testimonio. También se puede acudir a algún
centro de información para mujeres e incluso
a la Inspección de trabajo.
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