| Una
mala situación laboral, la precariedad en el
empleo, una relación deteriorada con los compañeros
o jefes dentro de una empresa, la presión para
producir más en menos tiempo, situaciones de
acoso, etc. Son circunstancias que pueden llevar a
consumir compulsivamente tabaco, alcohol o, aún
peor, drogas. También
puede suceder que, por el tipo de trabajo, en las
relaciones sociales el alcohol sea un elemento habitual
y, por lo tanto, desarrollar una adicción no
sea difícil.
Las drogas permiten olvidar
momentáneamente la presión, el cansancio,
pero según se hacen necesarias para encontrarse
bien, se vuelven un problema. La vida personal, familiar
y profesional se acaba viendo afectada, se corre mayor
riesgo de accidentes porque se pierde la concentración,
la coordinación en los movimientos, los reflejos,
etc. La persona se vuelve irritable, sufre constantes
depresiones y un deterioro progresivo de su salud.
Perder el trabajo puede ser
muy negativo. En el caso de tener que superar una
adicción, la seguridad de tener un empleo puede
ser de gran ayuda para la persona. Dentro de la empresa,
los representantes de los trabajadores deberían
apoyar a estas personas que sufren una adicción,
para que puedan acudir a terapia y superarla sin perder
su puesto de trabajo.
|