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      4-Los riesgos del trabajo doméstico
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    1-Introducción     7-Riesgo en el embarazo
    2-La mujer en el mercado laboral     8-Maternidad
    3-Tópicos sobre la mujer trabajadora     9-Reconomiento médico
    4-Los riesgos del trabajo doméstico     10-Drogas y trabajo
    5-Tener un empleo     11-Acoso sexual en el trabajo
    6-Riesgos laborales     12-Iniciativas
   

En una sociedad donde todo se valora por la capacidad de producción, el trabajo de la mujer en el hogar queda relegado al olvido. Es un trabajo que, a pesar de sacar a la sociedad adelante, no se puede medir en términos económicos por lo que parece carecer de valor. Esta consideración puede crear en la mujer una sensación de inutilidad, de haber desperdiciado su vida en algo sin valor, cuando en realidad está construyendo algo muy importante. La mujer no sólo se ocupa de las necesidades materiales de la casa (lavar, cocinar, limpiar, etc.), sino que también es educadora de los hijos, hace de enfermera, cuida de los mayores, ejerce de psicóloga para todos los miembros de la familia, escucha y apoya en los malos momentos, y anima en sus proyectos a cada cual.

Este descuido de lo doméstico también repercute en la salud de la mujer, ya que al no ser un trabajo remunerado no se tienen en cuenta las condiciones en las que desempeña sus labores. Es un trabajo donde no hay horarios, no existen las vacaciones, y apenas hay tiempo de ocio. Se trabaja durante muchas horas seguidas, lo que puede repercutir en su salud física y emocional. Las tareas de la casa pueden ser duras, se adoptan posiciones incómodas, y se pasan muchas horas de pie. Esto puede provocar dolores musculares, problemas circulatorios, etc. También existe peligro de intoxicaciones por los productos utilizados, enfermedades de la piel o se pueden producir accidentes domésticos que pueden ser graves, como explosiones de gas, cortes o quemaduras.

La carga física, emocional y mental de este trabajo, muchas veces no se tiene en cuenta. La mujer se va quedando aislada, pierde sus relaciones sociales, y no tiene a quien recurrir en caso de necesidad, por ejemplo, cuando no sabe cómo actuar con una persona enferma a la que cuida. Las personas que conviven bajo el mismo techo dan por supuesto que es ella quien debe ocuparse de todo, que es lo normal, mientras el ama de casa puede desarrollar un sentimiento de culpabilidad cuando quiere satisfacer sus propias necesidades y las cargas que lleva se lo impiden.

Es necesario potenciar la sensación de que se está haciendo algo realmente útil e imprescindible para no caer en depresión o sufrir de ansiedad. Aprender a poner límites en los horarios, compartiendo para ello las tareas del hogar con los demás miembros de la familia. Puede acudir a los servicios sociales en busca de ayudas e información en el caso de tener que ocuparse de personas enfermas o ancianas. Y tiene que aprender a satisfacer las propias necesidades sin sentimientos de culpa por anteponerlas, en ocasiones, a las de los demás. La mujer tiene necesidad de desarrollarse como cualquier otra persona de la casa, por lo que necesita algún tiempo para sí mima, para realizar tareas o proyectos que le interesen dentro o fuera del hogar, como estudiar, tener una profesión, etc.

 

 

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