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una sociedad donde todo se valora por la capacidad
de producción, el trabajo de la mujer en el
hogar queda relegado al olvido. Es un trabajo que,
a pesar de sacar a la sociedad adelante, no se puede
medir en términos económicos por lo
que parece carecer de valor. Esta consideración
puede crear en la mujer una sensación de inutilidad,
de haber desperdiciado su vida en algo sin valor,
cuando en realidad está construyendo algo muy
importante. La mujer no sólo se ocupa de las
necesidades materiales de la casa (lavar, cocinar,
limpiar, etc.), sino que también es educadora
de los hijos, hace de enfermera, cuida de los mayores,
ejerce de psicóloga para todos los miembros
de la familia, escucha y apoya en los malos momentos,
y anima en sus proyectos a cada cual.
Este descuido de lo doméstico
también repercute en la salud de la mujer,
ya que al no ser un trabajo remunerado no se tienen
en cuenta las condiciones en las que desempeña
sus labores. Es un trabajo donde no hay horarios,
no existen las vacaciones, y apenas hay tiempo de
ocio. Se trabaja durante muchas horas seguidas, lo
que puede repercutir en su salud física y emocional.
Las tareas de la casa pueden ser duras, se adoptan
posiciones incómodas, y se pasan muchas horas
de pie. Esto puede provocar dolores musculares, problemas
circulatorios, etc. También existe peligro
de intoxicaciones por los productos utilizados, enfermedades
de la piel o se pueden producir accidentes domésticos
que pueden ser graves, como explosiones de gas, cortes
o quemaduras.
La carga física, emocional
y mental de este trabajo, muchas veces no se tiene
en cuenta. La mujer se va quedando aislada, pierde
sus relaciones sociales, y no tiene a quien recurrir
en caso de necesidad, por ejemplo, cuando no sabe
cómo actuar con una persona enferma a la que
cuida. Las personas que conviven bajo el mismo techo
dan por supuesto que es ella quien debe ocuparse de
todo, que es lo normal, mientras el ama de casa puede
desarrollar un sentimiento de culpabilidad cuando
quiere satisfacer sus propias necesidades y las cargas
que lleva se lo impiden.
Es necesario potenciar la sensación
de que se está haciendo algo realmente útil
e imprescindible para no caer en depresión
o sufrir de ansiedad. Aprender a poner límites
en los horarios, compartiendo para ello las tareas
del hogar con los demás miembros de la familia.
Puede acudir a los servicios sociales en busca de
ayudas e información en el caso de tener que
ocuparse de personas enfermas o ancianas. Y tiene
que aprender a satisfacer las propias necesidades
sin sentimientos de culpa por anteponerlas, en ocasiones,
a las de los demás. La mujer tiene necesidad
de desarrollarse como cualquier otra persona de la
casa, por lo que necesita algún tiempo para
sí mima, para realizar tareas o proyectos que
le interesen dentro o fuera del hogar, como estudiar,
tener una profesión, etc.
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