| Hay muchas
posibilidades a la hora de tener un hogar, se puede
vivir sola, con otras personas, con ayuda, en una
residencia, etc. Lo importante es que sea un lugar
cómodo, adaptado a las propias necesidades,
que sienta como suyo y le dé seguridad.
En casa
La propia casa, en la ciudad o en el
pueblo donde se ha residido siempre, rodeada de personas
conocidas, es la opción que muchas mujeres
prefieren. En muchos casos, hacer unas pequeñas
reformas le permiten seguir valiéndose sola.
Por ejemplo, poner picaportes bajos en vez de pomos,
para que no sufran tanto las manos y muñecas
cuando se debilitan, instalar asideros para evitar
caídas, etc. Además, a medida que los
más jóvenes han abandonado el hogar,
se puede disfrutar colocando y redistribuyendo los
objetos que han acompañado durante años.
Esta adaptación de la casa a la nueva situación
personal ayuda a afrontar los cambios.
Si el edificio tiene difícil
acceso, por ejemplo, si carece de ascensor, es posible
que haya que mudarse, y es mejor hacerlo antes de
que la movilidad sea un problema y la vivienda se
vuelva incómoda. Poder salir con libertad e
independencia, poder hacer los pequeños recados
de cada día, es importante para encontrarse
bien. De esta forma, la casa será accesible
también para las visitas que se pueden encontrar
en la misma situación de deterioro físico
que les impida hacer esfuerzos como subir escaleras.
Hay ayudas económicas que se
pueden solicitar y que están destinadas a sufragar
los gastos de esas adaptaciones del hogar.
Ayuda a domicilio
Una mujer puede valerse por sí
misma en su hogar, pero puede necesitar una ayuda
suplementaria para realizar algunas tareas, o quizás
lo que necesita es un poco de compañía
en la casa. El Inserso, las comunidades autónomas,
Corporaciones Locales, Cruz Roja y Cáritas
tienen servicios de ayuda a domicilio.
Tele-asistencia domiciliaria
Este servicio proporciona una gran
tranquilidad, ya que asegura tener ayuda en el caso
de que suceda cualquier emergencia. Un pequeño
dispositivo que la mujer lleva consigo puede hacer
disparar la alarma en cualquier momento.
Compartir vivienda
Si se dispone de una casa grande,
puede resultar beneficioso compartirla, bien por el
ingreso extra que supone alquilar una habitación,
bien porque ayuda a superar la soledad. Siempre es
bueno establecerse un periodo de prueba a la hora
de compartir piso, porque en ocasiones una o ambas
partes pueden encontrarse a disgusto.

Viviendas de protección
oficial y beneficios relacionados con la vivienda
En el caso de tener que cambiar de
casa, hay tener en cuenta que actualmente se reservan
viviendas de protección oficial para mayores.
También hay descuentos y exenciones en Tasas
Municipales (recogida de basuras, suministro de agua
y alcantarillado, impuesto de contribución
urbana, etc.) que los ayuntamientos ofrecen a personas
mayores. Telefónica también tiene establecidas
reducciones en la cuota de conexión para pensionistas,
y también exenciones en la cuota mensual de
abono.
Residencias
A veces las circunstancias personales
o las condiciones de la vivienda llevan a tomar la
decisión de trasladarse a una residencia. Muchas
veces, esta decisión se toma en medio de una
crisis, lo que hace más duro el cambio. Si
la persona es capaz de tomar sus propias decisiones,
no se puede abordar este tema a sus espaldas, debe
ser ella quien decida ingresar en una residencia,
eligiéndola e informándose previamente
de cuál es la que más le conviene. Es
bueno, una vez realizado el traslado, que la familia
la visite a menudo para hacer menos dura la transición.
Hay formas intermedias a la vida en
una residencia. Se pueden realizar estancias diurnas
en hogares y residencias. Normalmente la persona permanece
entre 7 y 8 horas, entre las 10 de la mañana
y las 7 de la tarde. El personal de la residencia
se encarga de llevarlos y traerlos en vehículos
apropiados. Pueden comer y asearse en el centro.
También existe la posibilidad
de realizar estancias temporales, generalmente, en
temporada de vacaciones. La familia puede descansar,
y la persona mayor también puede tener sus
propias vacaciones y un cambio de aires.
Otras alternativas
Vivir en grupo
No sólo los jóvenes comparten
piso. En ocasiones, grupos de diez o doce personas
mayores se organizan para vivir juntas. Son gente
que puede valerse por sí misma, pero viviendo
juntos se pueden ayudar y se encuentran menos solos.
Vivienda intergeneracional
Hay gente que prefiere vivir con personas
de distintas edades. Existe un programa universitario
en algunas comunidades autónomas que pone en
contacto a estudiantes universitarios con personas
mayores. Estas ceden o alquilan por un precio reducido
una habitación a los jóvenes y así
disponen de compañía y ayuda. El éxito
de este programa hace que cada vez se extienda a más
Universidades.
Vivienda tutelada
Un grupo de personas mayores viven
con autonomía, pero con la tutela y asistencia
técnica de una entidad pública o privada.
Las personas alojadas en viviendas tuteladas contribuyen
a los gastos con un 20 o un 75% de su pensión,
en función de si sólo cuentan con el
alojamiento o tienen también la manutención.
Acogida familiar
Es el caso de personas que no pueden
vivir solas, por problemas de salud, por no poderse
valer solas, por escasez de medios económicos
o por la mala calidad de su vivienda. Estas personas
mayores se incorporan a una familia con la que no
hay relación de parentesco y disponen de una
habitación de uso exclusivo, con las condiciones
de higiene adecuadas.
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