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      4-La violación en la pareja
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    1-Introducción     5-Agresiones sexuales
    2-Formas de violencia contra la mujer     6-Prevenir la violencia
    3-Tópicos     7-Los derechos de la mujer
    4-La violencia en la pareja     8-Medidas institucionales
   

Una mujer siente una necesidad mucho mayor de sentirse querida que un hombre. Si se trata de una mujer insegura, con baja autoestima, puede caer con más facilidad en una relación de sometimiento. Una relación en la que su pareja controla lo que hace, se muestra excesivamente celoso, la compara con otras, no respeta lo que piensa sino que trata de imponer sus opiniones, si continuamente la engaña o la fuerza a tener relaciones sexuales cuando ella no quiere, etc., es una relación en la que ya se sufre maltrato por el comportamiento abusivo del hombre.

Normalmente una mujer que convive con un maltratador tarda mucho tiempo en abandonarle. Las causas más comunes son la falta de recursos económicos propios, el aislamiento, la falta de seguridad en sí misma, la necesidad de afecto y valoración, la falta de apoyos externos, etc. La situación de presión en que vive la lleva a un estado en que le es difícil reconocer su situación, vive pendiente de su pareja, a la que cree cuando le asegura que es una inútil. Puede llegar a pensar que se merece ser maltratada. Muchas las mujeres que sufren malos tratos, ya han sido víctimas de abusos en su infancia, y arrastran desde entonces tristezas, malestar e inseguridad, una sensación de indefensión que las hace todavía más vulnerables. Cada muestra de amabilidad del maltratador les hará perdonar todo lo malo pasado anteriormente.

De cara al exterior, a la familia, amigos y compañeros, el agresor se suele comportar de manera distinta. Por lo que muchas veces, desde fuera, se quita importancia a lo ocurrido, resulta difícil de entender, lo que se traduce en una mayor soledad para la víctima, que no puede explicar su situación.

El ciclo de la violencia

La violencia se manifiesta de forma cíclica. Hay tres fases: fase de tensión, fase de agresión y fase de conciliación o "luna de miel". En la primera fase se suceden los insultos y las primeras muestras de violencia. El primer impulso de la mujer es calmarlo, evitar molestarlo. Aún cree que es capaz de controlar la situación. Pero la violencia irá en aumento, desembocando en agresiones físicas, psíquicas y/o sexuales. La descarga de agresividad alivia la tensión del hombre.

Después de descargar su agresividad, el maltratador se arrepiente y pide perdón. La mujer le cree cuando le asegura que no volverá a ocurrir, también está segura de poder cambiarle. Pero el ciclo se repite cada vez más frecuentemente, y los momentos de arrepentimiento escasean.

El momento más duro para la mujer es reconocer que convive con un agresor. Hasta ese momento se ve sumergida en una espiral de violencia que hará sentir como que enloquece. La tensión le producirá agotamiento y depresión. Puede sentir vergüenza por lo que vive, como si nadie más hubiera pasado por algo así. Cuanto más mantenga la situación mayor será su inseguridad, su sentimiento de culpabilidad y más difícil le será tomar una decisión. Una vez asumido el maltrato y la necesidad de escapar de esa situación, se puede sufrir la persecución por parte de la pareja que se niega a asumir el abandono. Muchas veces le lleva a cometer un homicidio.

Ponerle fin

El primer paso para acabar con el maltrato es contar lo que pasa y denunciar. Es bueno buscar ayuda, sentirse comprendida le dará fuerzas para enfrentarse a la situación. Lo mejor es acudir a un centro especializado en mujeres maltratadas o, en el caso de que no exista, se puede dirigir a los Servicios Sociales o al Ayuntamiento y hablar con una asistente social. Si existe agresión física se debe acudir a un centro médico para evaluar las lesiones y pedir una copia del parte médico para entregarlo en la Comisaría, Cuartel de la Guardia Civil o Juzgados de Guardia. En muchas localidades se dispone de un Servicio Policial de Atención a la Mujer, donde son mujeres las que atienden las denuncias.

En el caso de que la mujer tenga miedo a una nueva agresión, pero tema dejar a sus hijos con el agresor, perdiendo su custodia, debe saber que tiene el derecho a dejar su casa sin que se considere abandono del hogar siempre que en el plazo de 30 días presente una demanda de separación o medidas provisionales en el Juzgado de Primera Instancia o de Familia. Hay abogados de oficio y centros gratuitos de asesoramiento a los que se puede recurrir en caso de falta de recursos económicos.

También existe la posibilidad de acudir a casas de refugio o acogida. Éstas se han creado pensando en acoger temporalmente a mujeres indefensas que necesitan terminar con una situación de maltrato y que, en muchos casos, temen por su vida y por sus hijos. En ellas encuentran protección y disponen del tiempo y la tranquilidad necesarios para asumir su nueva situación y plantearse su futuro. También encuentran asesoramiento jurídico, información sobre recursos públicos y apoyo psicológico.

 

 

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