| Definición
Conjunto de síntomas
y signos clínicos que resultan de la exposición
de los tejidos a concentraciones excesivas de hormonas
tiroideas.
Clínica
La causa más frecuente
es la enfermedad de Graves-Basedow (crecimiento difuso
del tiroides, acompañado de una oftalmopatía-exoftalmos-
y de una dermopatía) 5 veces más frecuente
en la mujer que en el hombre.
Se aprecia nerviosismo,
hipersudoración, hipersensibilidad al calor,
palpitaciones, pérdida de peso, astenia, taquicardia,
bocio, piel fina roja y caliente, temblor fino, etc.
Diagnóstico
y diagnóstico diferencial
El mejor parámetro de
la hiperfunción es la elevación de la
hormona T-4.
Es fundamental hacer el
diagnóstico diferencial con cuadros de ansiedad
y de arritmias que cursan con taquicardia.
Tratamiento
El tratamiento de elección
son los fármacos antitiroideos (metimazol,
carbimazol, propiltiouracilo).
Entre los posibles efectos
secundarios se encuentra la fiebre, la disminución
de granulocitos en la sangre, las artralgias, la hepatopatía
y las alergias.
También se emplean los beta-bloqueantes (útiles
al comienzo para controlar los síntomas y a
la espera de que actúen los antitiroideos).
Entre el 40-50% se curan definitivamente después
del primer ciclo de tratamiento.
El tratamiento definitivo es el radioiodo I131. Está
indicado en las recaídas tras 2 ciclos de administración
de fármacos antitiroideos. Está contraindicado
en el embarazo.
Hipertiroidismo en el
embarazo
Suele cursar con taquicardia
en reposo, pérdida de peso sin causa aparente
(a veces enmascarada por el aumento de peso propio
del embarazo), sudoración, intolerancia al
calor, nerviosismo, palpitaciones, cansancio, insomnio
y temblor de reposo.
El fármaco de elección
es el propiltiouracilo, porque atraviesa poco la placenta.
El metimazol y los beta-bloqueantes deben usarse con
mucha precaución por los posibles efectos secundarios
sobre el feto y el embarazo.
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