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el dolor que se localiza en la región cervical,
incluyendo aquellos casos en que el dolor se extiende
hacia la región dorsal alta. En cambio, se
excluyen aquellos en que el dolor cervical se acompaña
también de dolor y otros síntomas en
la cabeza o en las extremidades superiores.
Clínica
Distinguiremos
tres tipos de cervicalgia simple según la etiopatogenia
y la evolución:
- Dolor cervical
agudo o tortícolis.
- Dolor cervical subagudo.
- Dolor cervical crónico.
El dolor cervical
agudo se instaura con rapidez, a menudo durante la
noche, y se acompaña de una notable limitación
de la movilidad de la cabeza, sobre todo hacia un
lado. Dura pocos días y remite totalmente.
El dolor puede
aparecer espontáneamente o tras una caída,
un movimiento brusco del cuello, una corriente de
aire o una larga exposición al frío.
El dolor cervical
subagudo suele ser de intensidad moderada, dura semanas
o meses y remite totalmente. La instauración
del dolor es lenta.
El dolor cervical
crónico es habitualmente de poca intensidad,
aunque puede provocar gran ansiedad. Es más
frecuente en mujeres y puede persistir varios años.
La movilidad está habitualmente conservada,
pero los movimientos extremos generalmente provocan
dolor.
Diagnóstico
La exploración
radiológica es normal en la mayoría
de los casos. En algunos se demuestra una rectificación
de la curvatura o una artrosis.
La rectificación
de la columna carece de significación patológica
porque se halla con frecuencia en personas que no
tienen dolor cervical.
Asimismo, la artrosis
parece que no jugaría un papel decisivo o importante,
como causa, en este tipo de dolor cervical.
Actitud
diagnóstico-terapéutica
Si una cervicalgia
no cede en unos días con los analgésicos
habituales, debemos solicitar radiología simple
de columna cervical y pruebas de laboratorio. Si son
anormales, solicitaremos gammagrafía, tomografía
o resonancia magnética según la enfermedad
específica que sospechemos.
Aunque exista una
artrosis cervical, no debe atribuírsele, sin
más, la responsabilidad del dolor.
El dolor agudo y
subagudo ceden espontáneamente y es probable
que se beneficien de la administración de analgésicos
simples.
En la cervicalgia
crónica hay que valorar las probables implicaciones
psíquicas.
En la cervicalgia
aguda o tortícolis el tratamiento debe consistir
en reposo y aplicación de calor local. En ocasiones
será preciso añadir analgésicos
tipo paracetamol.
En la cervicalgia
subaguda o crónica es importante informar al
paciente de que se trata de un proceso banal y tranquilizarlo.
No es conveniente hacer un diagnóstico injustificado
de artrosis y, en caso de que ésta exista,
hay que aclarar que se trata de una alteración
común a partir de cierta edad, siendo nuestra
finalidad aliviar o curar el dolor en el cual probablemente
la artrosis influya muy poco.
Es importante que
en las cervicalgias crónicas no se fije la
conciencia de enfermedad grave para evitar que se
establezca un círculo vicioso de consecuencias
perjudiciales para la resolución del problema.
Si la información
es la adecuada y se tranquiliza al enfermo, podrían
bastar los psicofármacos, los ejercicios isotónicos
e isométricos de la musculatura cervical y
los analgésicos suaves.
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